Cuando Andrea Moreno creó Café Ava hace cuatro años, tenía una idea clara: construir un espacio donde la cultura latina pudiera verse reflejada de una manera sofisticada.
Cuando Andrea Moreno creó Café Ava hace cuatro años, tenía una idea clara: construir un espacio donde la cultura latina pudiera verse reflejada de una manera sofisticada.
En ese momento, recuerda, no existían muchas cafeterías latinas que celebraran esa identidad desde esa perspectiva. Para ella, había algo que debía quedar claro. “Lo latino también es sofisticado y merece ocupar estos espacios. Café Ava nació para demostrar que nuestra cultura pertenece aquí”.
Esa intención no se limita al concepto del negocio. También está presente en la experiencia que busca crear para quienes entran a Café Ava. Moreno explica que ha elegido de manera intencional a las personas que forman parte del equipo porque considera importante que cada cliente pueda sentirse visto y bienvenido. Quiere que quienes llegan encuentren rostros con los que puedan identificarse, pero también que personas de otras culturas tengan la oportunidad de conocer, querer y respetar la cultura latina. “Soy latina y lo llevo en el pecho con muchísimo orgullo, y eso siempre será parte de Café Ava”, afirma.
Aunque nació en Estados Unidos, dice que nunca ha sentido la necesidad de aparentar ser algo distinto ni de asimilarse por completo a la cultura americana. Más que una enseñanza específica, señala, ha sido precisamente ese orgullo por sus raíces lo que nunca ha querido perder mientras construye su negocio.
Su definición de éxito también parte de una mirada personal
“Para mí, el éxito es estar feliz con la vida que he construido”. Moreno cuenta que trabaja desde los 15 años y que creció viendo el sacrificio de su madre soltera para sacarla adelante. Esa experiencia forma parte de la manera en que hoy observa su propio camino. “No vivo para impresionar a nadie”, asegura.
Su mayor satisfacción, dice, está en crear espacios y oportunidades para otras mujeres. Construir un negocio también le ha exigido aprender a liderar personas con perspectivas, costumbres y formas de ser distintas. Para Moreno, ese proceso requiere madurez, trabajo interior y humildad. “He aprendido que ser una buena líder también significa saber escuchar, comunicarse con gracia y mantenerse profesional aun en los momentos difíciles”.
En su crecimiento como empresaria, reconoce además la influencia de su esposo. De él aprendió a no tenerle miedo al riesgo. Moreno explica que, dentro de la comunidad latina, muchas veces se enseña a escoger el camino más seguro. Su esposo, en cambio, le mostró que perder también puede ser parte del aprendizaje. “Gracias a eso, hemos crecido muchísimo y hemos aprendido a no tenerle miedo a empezar de nuevo si es necesario”.
Esa relación con el riesgo también aparece cuando habla con mujeres que tienen una idea, pero todavía no se atreven a emprender. “Nunca va a existir el momento perfecto para emprender; simplemente hay que hacerlo”. Y añade un elemento que para ella resulta fundamental: la autenticidad. “Nada vende más que ser ustedes mismas y construir una marca que refleje quiénes son”.
En medio de sus responsabilidades como empresaria, esposa y madre, Moreno también habla de la presencia de Dios en su vida. Dice que le habla en las situaciones grandes y pequeñas, y que esa relación le ofrece paz, dirección y equilibrio. “Para mí, Dios está presente en cada aspecto de mi vida”.
Cuando piensa en lo que quiere que represente Café Ava para los demás, regresa nuevamente a una idea de pertenencia. Moreno piensa especialmente en los latinos que viven en Estados Unidos, extrañan su tierra y esperan regresar algún día. Mientras llega ese momento, su deseo es que Café Ava pueda recordarles a casa y hacerlos sentirse acompañados y orgullosos de quienes son.
“Espero que cuando las personas escuchen el nombre Café Ava, piensen en hogar.”




