Hay quienes llegan a un cargo conscientes del momento histórico que representan. Y hay quienes llegan pensando, primero, en la responsabilidad que tienen con las personas que depositaron su confianza en ellas.
Hay quienes llegan a un cargo conscientes del momento histórico que representan. Y hay quienes llegan pensando, primero, en la responsabilidad que tienen con las personas que depositaron su confianza en ellas. María Rivera pertenece al segundo grupo.
Cuando asumió la alcaldía de Central Falls, se convirtió en la primera mujer y la primera latina en ocupar ese puesto. Sin embargo, al recordar aquel día, su atención no estaba puesta en el significado histórico de la ceremonia. Estaba en sus hijos, en sus padres, en sus vecinos y en la comunidad que le había confiado una tarea que iba mucho más allá de un título.
Reconoce la importancia de la representación y entiende el impacto que tiene para las niñas y las mujeres que nunca antes habían visto a alguien como ellas en una posición de liderazgo. Pero rápidamente lleva la conversación hacia otro lugar. Dice que su objetivo nunca fue ser la primera; prefiere concentrarse en que no sea la última. Esa idea resume buena parte de su manera de entender el servicio público.
Su llegada al gobierno coincidió con uno de los momentos más complejos de los últimos años: la pandemia. Más que una decisión específica, explica que el verdadero desafío fue comprender que cada decisión tendría unas consecuencias reales sobre la vida de miles de personas. Había familias que necesitaban acceso a servicios de salud, vivienda y alimentos; pequeños negocios que no sabían si podrían mantenerse abiertos; adultos mayores viviendo el aislamiento y padres tratando de sostener el trabajo mientras acompañaban la educación de sus hijos desde casa.
Esa experiencia terminó reafirmando una convicción que hoy sigue guiando su liderazgo: escuchar, rodearse de personas preparadas, comunicarse con honestidad y tomar las mejores decisiones posibles con la información disponible.
Cuando la conversación gira hacia las prioridades de su gestión, aparecen dos palabras de manera constante: educación y vivienda. Para Rivera no se trata únicamente de políticas públicas, sino de oportunidades concretas para transformar la vida de las familias. Explica que una buena educación puede cambiar el rumbo de una generación completa y que un hogar seguro ofrece la estabilidad necesaria para que las personas puedan construir un mejor futuro. Ambas dimensiones, asegura, están profundamente conectadas. Es difícil que un niño pueda desarrollarse en la escuela cuando su familia vive con incertidumbre sobre dónde vivirá el próximo mes.
Su propia historia también influye en la manera en que ejerce el cargo. Creció en un hogar donde se hablaba español y aprendió inglés en la escuela. Haber vivido entre dos idiomas y dos culturas le ha permitido comprender las barreras que enfrentan muchas familias inmigrantes al interactuar con las instituciones. Por eso insiste en que el gobierno debe acercarse a la gente y no esperar que la gente encuentre sola el camino hacia los servicios que necesita. Quiere que cada residente sienta que el Ayuntamiento también le pertenece, esto sin importar el idioma que hable o el lugar donde haya nacido.
Esa cercanía no se limita al discurso. Rivera afirma que las conversaciones más importantes rara vez ocurren dentro de una oficina. Suceden mientras recorre los vecindarios, visita pequeños negocios, participa en actividades comunitarias o conversa con los residentes en parques y espacios públicos. Ahí, dice, es donde realmente se entiende qué está funcionando y a qué le hace falta mejorar.
Entre los momentos que más valora de su trayectoria menciona la recuperación del control local de las escuelas públicas de Central Falls y el fin de la intervención estatal más prolongada en la historia de Estados Unidos sobre un distrito escolar. Lo describe como un logro construido durante años por familias, educadores, líderes comunitarios y ciudadanos que compartían la misma visión sobre el futuro de sus estudiantes.
Quizá por eso, cuando se le pregunta cómo espera ser recordada dentro de veinte años, vuelve a alejarse de los reconocimientos personales. No espera que la historia la recuerde únicamente por haber sido la primera alcaldesa latina. Aspira a que se recuerde una ciudad fortalecida, con nuevas oportunidades educativas, más viviendas y una mejor calidad de vida para sus residentes.
Y, sobre todo, espera que algún joven que crezca en Central Falls llegue a creer que cualquier meta es posible gracias a la ciudad en la que le tocó vivir.
Mayor Maria Rivera is the 33rd Mayor of Central Falls. She is the first woman Mayor in city history, and first Latina Mayor in the State of Rhode Island. Prior to her swearing in as Mayor in January 2021, Rivera was the first female and first Latino Central Falls City Council President. She earned her B.A. in Public Administration from Roger Williams University and is a 1995 graduate of Central Falls High School.
“Si dejo de escuchar, dejo de liderar.”




