Hay historias que no solo se escuchan, también se sienten. La de Martha es una de ellas: una historia marcada por pérdidas, reinvención, fe y la decisión constante de volver a empezar.
Hay historias que no solo se escuchan, también se sienten. La de Martha es una de ellas. Detrás de la empresaria, la creadora y la mujer que durante más de dos décadas ha desarrollado proyectos en Rhode Island, existe una historia marcada por pérdidas, reinvención, fe y la decisión constante de volver a empezar.
Durante nuestra conversación conocí no solo a la mujer detrás de los logros, sino también a quien ha tenido que reconstruirse varias veces. Martha perdió una empresa, atravesó un divorcio y vivió la ruptura de la confianza con personas que estuvieron cerca de ella. Sin embargo, en cada una de esas etapas encontró la manera de levantarse.
Cuando le pregunto cuáles han sido los pilares que han sostenido su vida, no duda en responder: la familia, el amor y la fe. La familia como raíz y refugio; el amor como la fuerza que le ha permitido seguir creyendo en las personas y en los nuevos comienzos; y la fe como la base que la sostuvo cuando todo parecía perdido.
Nacida en La Vega, República Dominicana, Martha emigró a Nueva York persiguiendo el sueño de una vida mejor. Allí desarrolló una factoría de confección que producía para cadenas nacionales como Sears y JCPenney. Su carrera avanzaba hasta que, junto a su entonces esposo, decidió trasladarse a México para comenzar una nueva etapa empresarial.
Lo que parecía una oportunidad terminó convirtiéndose en uno de los momentos más difíciles de su vida. La crisis bancaria que enfrentó el país provocó la caída de su empresa y la pérdida de prácticamente todo lo que habían construido. Regresó a Estados Unidos, como ella misma recuerda, “con una mano adelante y otra atrás”.
Spring Color — The Fashion Show
Martha concibió Spring Color como algo más que un desfile. Quería una plataforma que celebrara la elegancia, el buen vestir y el talento de la comunidad. El proyecto reunió diseñadores, empresarios y figuras reconocidas de la moda hasta posicionarse como una referencia en Rhode Island.
Pero cuando comenzaba a consolidarse, Martha volvió a enfrentarse a una experiencia difícil. Personas cercanas, en quienes había depositado su confianza, utilizaron lo aprendido para competir directamente con ella. “Fue un trauma”, reconoce. Le tomó aproximadamente cinco años recuperar la seguridad necesaria para volver a construir. “Ya no era la misma”, admite.
De aquella experiencia surgió también una de las principales lecciones de su trayectoria empresarial. Martha reconoce que uno de sus mayores errores fue hacer negocios sin la documentación adecuada. Por eso, hoy insiste en la importancia de que la pasión vaya acompañada de estructura, acuerdos claros y protección legal.
En su camino también reconoce a personas que han aportado positivamente a su crecimiento, entre ellas Orlando Genao, Yanina Azar, Martín Polanco, Luz García y Kika Rocha, además de otros profesionales que han formado parte de distintas etapas de su trayectoria.
Sin embargo, cuando le pregunto cuál ha sido su verdadera fortaleza a lo largo de todos estos años, su respuesta es inmediata: “Dios”. Su fe atraviesa cada capítulo de su historia. Martha asegura que, incluso en momentos en que ha sentido que otras personas intentaban quitarle oportunidades o aquello que había construido con esfuerzo, Dios siempre estuvo presente para abrirle nuevas puertas.
En el plano personal, reconoce que uno de sus grandes desafíos ha sido atreverse más. Se define como una mujer de bajo perfil, que no siempre se ha sentido cómoda hablando en público o exponiéndose ante grandes audiencias. Su mayor arrepentimiento, asegura, no tiene nada que ver con una decisión empresarial ni con una pérdida específica: es no haberse atrevido más.
Hoy, sin embargo, continúa soñando. Quiere llevar Spring Color a Italia, Nueva York y República Dominicana, ampliando los escenarios desde los cuales proyectar el talento latino. A su trayectoria empresarial suma también iniciativas sociales y programas educativos dirigidos a niños y familias.
Después de perder, reconstruir y volver a comenzar más de una vez, Martha ha aprendido a lo largo de los años que una caída no necesariamente significa el final.
“Prefiere ser recordada como una mujer humilde, transparente, resiliente y profundamente agradecida con Dios.”




